08/05/2026

Argentina tiene cientos de fronteras abiertas para el narcotráfico internacional y el crimen organizado

Desde miles de pasos ilegales en el norte hasta la autopista fluvial del Paraná, potencias criminales como el Tren de Aragua, carteles mexicanos, mafia china, Hezbollah y bandas bolivianas operan con total libertad dentro del territorio. No es un problema de seguridad: es una guerra de baja intensidad que el Estado conoce, la sociedad ignora y que solo se combatirá con voluntad política real y decisión soberana.

Argentina sufre mil heridas abiertas. Mil pasos fronterizos ilegales penetran en el territorio nacional como venas contaminadas. Por ellos no circula vida, circula cocaína, armas, personas esclavizadas y dinero sucio. El Estado lo sabe. La sociedad lo ignora. Y el crimen organizado lo aprovecha.

A lo largo de sus 9.376 kilómetros de fronteras, Argentina no enfrenta un problema de seguridad, enfrenta una guerra de baja intensidad, lenta, que lleva décadas sin que nadie se haya animado a llamarla por su nombre y que representa un enorme desafío.

Quienes ingresan por esos pasos no son actores locales, son potencias criminales globales con estructuras, inteligencia y capital: la mafia china o albanesa, la camorra italiana, el Hezbollah —con décadas de operaciones en la Triple Frontera con Paraguay y y Brasil—; el Tren de Aragua venezolano, el Primer Comando da Capital y el Comando Vermelho brasileños; el cártel de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación mexicanos, entre tantos otros grupos delictivos. Todas estas organizaciones tienen presencia activa, rutas establecidas y socios locales dentro del territorio argentino.

Detrás de ellas, un ejército silencioso de organizaciones bolivianas: los Mosqueteros, los Carniceros, los Lobos, los Fronterizos, Tarijeños, Pandinos, Benianeses con sus “narcovuelos” en el departamento de Beni, al norte de Bolivia; y redes históricas como las de Jorge Roca Suárez “Techo de Paja” o Faustino Rico Toro. Más de treinta organizaciones, treinta nombres y un solo destino: Argentina.

El mapa del crimen muestra coordenadas precisas: Bermejo y Yacuiba concentran 220 pasos ilegales identificados. Al norte, en Salta, Jujuy y la Patagonia neuquina otros 25 puntos de alto tráfico ilegal completan el perímetro de vulnerabilidad.

Pero el verdadero motor logístico no está en la frontera, está en las salidas. Se cuentan unos 200 puertos de la provincia de Buenos Aires y 30 puertos de Rosario, ubicados a apenas 1.300 kilómetros de las zonas de ingreso que garantizan que lo que entra también sale, ya que el 85% del tráfico de drogas en Argentina es por vía fluvial. El Paraná no es solo un río, es la autopista del narcotráfico sudamericano.

Daniel Adler, experto en Antiterrorismo Urbano.

Las organizaciones internacionales no solo traen droga, también la dejan y le pagan a las bandas locales con alcaloide en lugar de dinero. El resultado es devastador: una nube permanente de nuevos consumidores se instala en cada ciudad, cada barrio, cada esquina del país. Y con los consumidores brotan micro grupos criminales que hoy operan en absolutamente todo el territorio nacional. El crimen no conquista territorios con ejércitos: los conquista con adicciones.

Desde la gestión del presidente Javier Milei se percibe una voluntad política real de combatir estas estructuras que llevan veinte años enraizadas. El Escuadrón 21 de Gendarmería y el legendario Grupo Alacrán están dando batalla con recursos limitados y coraje ilimitado. Sus resultados son concretos y visibles.

Pero no alcanzan.

Garantizar la invulnerabilidad soberana de la Nación exige más que operativos. Exige inteligencia estratégica, coordinación regional, tecnología de frontera, voluntad judicial y, sobre todo, la decisión política de declarar que esto es lo que es: Una infiltración organizada y Planificada en curso.

El enemigo ya está adentro. La pregunta es si Argentina terminará de despertar antes de que sea demasiado tarde.

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