Alquilar balcones, vuelos a ninguna parte y otras (a)normalidades

El coronavirus dio vuelta al mundo como una media. Más allá de las estadísticas y las consecuencias en salud, economía, educación y políticas, cambió los hábitos de la vida cotidiana. Nueva York atraviesa un verano con mucho calor y sin playas.

El tradicional Pier 17 (la zona top portuaria que cada temporada suele convertirse en zona de recitales al aire libre o pista de patinaje en invierno) reabrió tras una larga cuarentena y convirtió su espacio en decenas de “mini terrazas” privadas. Así, el verano “zafa” si es posible alquilar cada espacio, que mide 4 x 4 e incluye sombrilla, heladera portátil, puerto USB y pantalla gigante para ver películas. También es posible jugar el jenga mientras se comparte unos drink (con no más de 8 personas y barbijos a criterio de cada grupo). Todo está previsto para que no haya ningún tipo de contacto entre “cuadrado” y “cuadrado”, ya que hasta los snack pueden pedirse sin necesidad de tocar nada.

El aeropuerto de Songshan, en el centro de Taipei, se “llenó” de viajeros ávidos por retomar sus experiencias. Pero como las fronteras están cerradas en Taiwán desde marzo, la experiencia consiste en viajar a ninguna parte.

Los participantes muestran su tarjeta de embarque y pasaporte durante un simulacro de viaje al extranjero en el aeropuerto de Taipéi
Los participantes muestran su tarjeta de embarque y pasaporte durante un simulacro de viaje al extranjero en el aeropuerto de Taipéi

A través de un sorteo, en el que participaron una 7.0000 personas, se escogieron 180 ganadores -60 pasajeros por vuelo- al azar, para experimentar, como si fuera real, la posibilidad de abordar un avión. Se les facilitó las tarjetas de embarque, hicieron el check-in y pasaron por seguridad e inmigración antes de subir a un Airbus A330 de la aerolínea más grande de Taiwán, China Airlines, donde los asistentes de vuelo conversaron con los pasajeros sin moverse de la pista.

Una compañía aérea fue más allá: StarLux vendió 188 ticket a 160 dólares cada uno para hacer un vuelo de tres horas sobre territorio del país y aterrizar en el mismo aeropuerto del que había partido. Los pasajeros a ninguna parte abordaron el vuelo JX-8888 y pudieron sacar algunas fotos durante el viaje, cenar a bordo y luego, volver a casa.

Mientras el mundo pone a prueba su creatividad, en la Argentina alimentan el viejo vicio de las prohibiciones. Esa manía de prohibir hasta lo que se hará de todos modos se intensificó en las últimas horas, autoridades de La Pampa y provincias del norte argentino amenazaron con “dejar de vender yerba” si no se abandona el hábito de compartir mates. Vinculado a una de las causas principales de propagación comunitaria, el nuevo “enemigo” es el mate, la infusión criolla más arraigada en todas las latitudes.

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