Aerolíneas Argentinas y las millas acumuladas de un fracaso

Viajar. Aquella gran pasión con la que muchos sueñan, de la que se han escrito poesías, novelas, se han hecho películas y canciones.

“Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente”. – Mark Twain


Y aun así, la Argentina posee un segmento de soñadores que quizás nunca podrá viajar pero que paga un viaje cada vez que compra leche, harina, fideos, o intenta mejorar su calidad de vida, a causa de que de alguna manera debe financiarse el capricho estatal de tener una aerolínea, la cual, en el país en el que los operadores de las torres de control le gritan “idiota” a los pilotos, pierde más de 500 millones de dólares anuales. (U$S563 millones, año 2019).


Y así la empresa que alguna vez exclamaba como lema “Alta en el cielo” citando Aurora, demostró ser el mejor ejemplo de la decadente realidad argentina, y esta “águila guerrera” aerolínea de la patria mía, se ha convertido en nuestra versión criolla de PDVSA, llena de empleados, llena de beneficios impositivos y llena de pérdidas.


Ya el nivel de caradurez política llega a tal punto que, en enero de este año, el flamante nuevo presidente de la compañía exclamaba con una mezcla de enojo e indignación cómo los explotadores y neoliberales macristas dejaron a Aerolíneas Argentinas (AA) con el déficit citado anteriormente, mientras que ellos, nuestros honorables representantes del pueblo “solo” la habían dejado con pérdidas de 335 millones.
Y referido al régimen macrista hay mucho de qué hablar; podríamos comenzar solamente con el increíble y ¡totalmente inesperado! ¿despilfarro? ¿negocio? (probablemente este último), realizado a través del sistema de millas, no solo con el problema Galicia, que produjo pérdidas de 9 millones, sino también en todo el 2019 donde aumentaron el pasivo de aerolíneas en millas en más de 100 millones de dólares.
Del kirchnerismo solo con nombrar los 320,7 millones que nos costó la estatización debería ser suficiente.
En estos últimos años en los que se ha producido la “revolución de los aviones”, en la cual Aerolíneas no solo no ha sido parte si no que además ha dejado asentada su inoperancia al no poder responder a la misma, es ilógico mantener a tremenda fuente de pérdidas, a una “empresa” incapaz de competir.
“Empresa” entre comillas, porque a esta altura solo podemos hablar de Aerolíneas Argentinas como un abuelo en estado vegetativo, que vive gracias a la maquinaría clínica, en un constante sufrimiento y al cual nuestros dirigentes no quieren desconectar para así poder presumir que dicho pariente todavía se encuentra vivo.

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