Adrián Ravier presentó al padre de la economía clásica: Adam Smith

La segunda entrega del ciclo “Obras Fundamentales de los Pensadores Liberales” de la Fundación Libertad y Progreso nos permite acercarnos al pensamiento de Adam Smith y su obra cumbre, “La riqueza de las naciones” de la mano del economista Adrián Ravier.


“Una investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones” fue publicado en 1776, luego de más de diez años de trabajo. Su importancia, aclara Ravier, no reside en su originalidad sino más bien en que constituye una compilación y sistematización de aportes de pensadores previos como RichardCantillon, autor del primer Tratado de Economía Política, citado por Smith varias veces a lo largo de su obra.


Adrián Ravier coincide con muchos de sus colegas en definir a Adam Smith como el padre fundador de la economía clásica. ¿Por qué? Tal vez debido a uno de los conceptos más difundidos de este autor: el de “la mano invisible”.

En este punto, el expositor hace referencia al ensayo “Yo, el lápiz”, de Leonard Read donde de un modo sumamente didáctico se nos revela cómo la producción de algo tan simple como un lápiz e fruto de la coordinación social, la división y especialización del trabajo y, en definitiva de una gran red de conexiones de diferentes ramas de la actividad económica a través de personas de distintos países, historias, lenguas o religiones.

Pues la economía responde a la dinámica del orden espontáneo, que también explica el desarrollo del lenguaje, el derecho, la globalización.

Lo importante es que los mercados libres se autorregulan como resultado de la interacción entre la competencia y la llamada “soberanía del consumidor” que determina qué, cuándo y cómo se producen (o no) los bienes y servicios. Siguiendo este razonamiento, no hace falta absolutamente ninguna intervención reguladora del Estado.

Pero hay un texto, polémico por cierto, donde Adam Smith plantea que la autoridad gubernamental tiene tres deberes que cumplir: defender a la comunidad frente a la violencia externa, proteger a los habitantes de eventuales ataques por parte de otros miembros de la sociedad, y por último,
erigir y mantener obras y establecimientos públicos”. Este último punto es el que “hace ruido” en las mentes de algunos liberales más “ortodoxos”.

Sin embargo, tal vez sea justo recordar que en el siglo XVIII el aparato gubernamental era, ciertamente, bastante más reducido y las autoridades políticas no contaban con decenas de ministerios y secretarías, o numerosas empresas estatales como en la actualidad. Podríamos afirmar incluso que la visión de Smith sobre las obras públicas no sería del todo incompatible con lo expuesto por Ludwig von Mises en “Burocracia” casi dos siglos después.

Otra de las críticas que se le hace a Adam Smith es su teoría de valor-trabajo, mediante la cual explica que el precio de un bien depende de sus costos de producción. Esta teoría será retomada luego por pensadores como John Stuart Mill, David Ricardo, Jean Baptiste Say y eventualmente, Karl Marx, quien la llevó a su máxima expresión.

Tendremos que esperar hasta la década de 1870 para que la “revolución marginal” nos brinde una mejor explicación.

Por otro lado en cambio, no cabe soslayar la contribución de Smith al tema del comercio internacional: En un mercado libre, a mayor número de participantes en competencia e interacción, mayor será el beneficio para todos. Comprende, por ende, que el comercio internacional es sumamente positivo y enriquecedor, que importaciones y exportaciones no son sino dos caras de la misma moneda y critica enfáticamente tanto el proteccionismo como el mercantilismo.
Si bien hay algunos pensadores que juzgan a Smith padre involuntario del marxismo, otros afirman que tiene bien ganado el título de “padre de la economía” ya que independizó a la ciencia económica de las demás ciencias sociales.

Al respecto, Ravier afirma que “La riqueza de las naciones” representó un avance único y que se impone situar el pensamiento de Adam Smith en contexto.

Y concluye diciendo: “Vale la pena leer a los clásicos”. Y releerlos.

Si queres escuchár la clase de Adrián Ravier sobre Adam Smith, hace clic a continuación

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