Adam Smith: el dueño del ADN liberal

Por Paola Dos Santos para El Club de la Libertad. El concepto de precio natural ocupa un lugar destacado en la comprensión de la famosa teoría del valor de Adam Smith, así como también la facultad empática que tienen los seres humanos en relación con sus semejantes. Ambas teorías se constituyen en elementos fundamentales para el análisis de la sociedad civil y comercial, una sociedad enmarcada en la libre competencia, basada sobre los intercambios de excedentes de producción, la cual necesita que todos sus integrantes hablen un mismo lenguaje.

Aunque Schumpeter objetó que su obra económica incluía pocas ideas originales e incluso que estaba más atrasada que las de algunos antecesores, también admitió que Smith escribió la síntesis que la época necesitaba.

Adam Smith es conocido como el más famoso economista del mundo, a quien se lo denomina como “padre de la economía moderna”, al ser el autor de una teoría que combina prácticamente la historia, la naturaleza humana y el desarrollo económico de una manera sin precedentes para su época. Nació en la ciudad escocesa de Kirkcaldy el 5 de junio de 1723.

Durante su adolescencia, Adam Smith obtuvo una beca para estudiar en la famosa Universidad de Glasgow y más tarde otra en la Universidad de Oxford. Durante su tiempo se pronunció sobre varias cuestiones que hacen a la ética, teología natural, la jurisprudencia y la economía política. Fue amigo de David Hume y Francois Quesnay, también fue discípulo de Frances Hutchenson.

Adam Smith inició la investigación que iba a producir su obra económica clásica desde una visión que sorprendió a la Europa intelectual de aquel entonces: la filosofía moral. Su Teoría de los sentimientos morales, publicada en 1759, fundamenta a su obra La riqueza de las naciones, de 1776, la cual tuvo enseguida un gran impacto en Europa, con numerosas traducciones a las principales lenguas nacionales; la primera española, de un resumen parcial de Condorcet, data de 1792. Cabe destacar que Smith proponía ideas a las cuales consideraban bastantes progresistas para ese entonces y centró su teoría filosófica desde la base de la ética kantiana.

La importancia de su obra La teoría de los sentimientos morales radica en el cuestionamiento que hace a la tesis de Thomas Hobbes planteada en El Leviatán (1651), la cual considera al hombre como un depredador natural del hombre, el “homo homini lupus”, el hombre es el lobo del hombre.

Smith se oponía notablemente a la idea de la existencia de un hombre inseguro quien es capaz de ver al otro hombre como un potencial competidor y destruirlo en una guerra hasta la muerte. Sin embargo, para Hobbes es este comportamiento humano que lo inspira a dar origen al concepto del Leviatán como el Estado político al cual el hombre le transfiere su libertad y esa capacidad innata de asesinar: el hombre faculta y justifica la creación de un Estado a fin de que el mismo pueda agredir a sus competidores.

El cambio radical en este concepto lo logra Smith al dotar al hombre de la virtud de la empatía, lo que permite a un sujeto colocarse en el lugar del otro. Con esto Smith logra una concepción mejorada e histórica de la naturaleza humana, incluso criticando la concepción utilitarista planteada por David Hume.

Las ideas de Adam Smith sobre el origen de la riqueza a través de la división del trabajo en la célebre fábrica de alfileres, el mercado y su famosa y actualmente mal entendida “mano invisible”, los tipos de valor de cambio y de uso, el rechazo hacia el colonialismo imperante en la época y la concepción mercantilista del comercio como un juego de suma cero, fueron la columna vertebral para el desarrollo de las ideas del liberalismo clásico, las cuales incluso tuvieron repercusiones en las ideas de las ventajas comparativas de David Ricardo y en la teoría del valor-trabajo de Karl Marx, quien de hecho toma estas ideas para la base de su obra El Capital.

En La Riqueza de las Naciones explicaba que el crecimiento económico depende de la amplitud del mercado, el cual es un gran desconocido por la economía, por factores como la extensión geográfica, el consumo interno, el desarrollo económico, y que resultaba imposible contar con todas las informaciones del mismo, concepto muy acertado para determinar que una planificación absoluta que maneje a la economía desde el Estado es prácticamente nula, ya que jamás podrán obtener la totalidad de la información requerida para el efecto no sin antes aplicar el “ceteris paribus” y formar un escenario utópico en donde las variables no proporcionan los resultados en medidas reales.

Smith realiza su análisis sobre la base de que el trabajo es igual al valor, es decir, que el valor de un bien o servicio estaría dado por la cantidad de trabajo incorporado que lleva la producción de dicho bien. Para él este valor era prácticamente la cantidad de trabajo que uno podía recibir a cambio de su mercancía, lo que se conoce como el valor objetivo del precio. En el siglo XIX, Carl Menger, el padre de la Escuela Austriaca de Economía refuta a Smith y a Ricardo dando nacimiento a la teoría del valor subjetivo, con la cual critica duramente a la explicación de que los precios están dados por los costos de producción y propone que todo inicia con las necesidades de las personas, como fuerza motriz para el establecimiento de los precios en el mercado, junto a las restricciones económicas que tiene cada individuo o mejor dicho, el dinero que cada persona dispone en su bolsillo para gastar y el valor subjetivo que le otorga a cada bien de acuerdo a sus preferencias. Esta misma teoría del valor subjetivo contrastaba con las ideas expuestas en El Capital, la cual nunca pudo ser refutada por Marx.

Un punto cuestionable y siempre debatido en las ciencias económicas es el impacto de la política tributaria para una economía local. Sobre este aspecto, Adam Smith mencionaba en la Riqueza de las Naciones, libro V que: “el azúcar, ron y tabaco son bienes que para nada son necesidades de la vida, y que se han vuelto objeto de casi consumo universal, y que por lo tanto son extremadamente apropiados para ser sujetos de un impuesto”.

Más adelante en el mismo libro, Smith sigue exponiendo lo siguiente: “Mientras tanto la gente podría recibir un alivio de algunos de los impuestos más gravosos; de aquellos que les son impuestos bien sobre sus necesidades de la vida, o sobre los materiales para la manufactura.

Los trabajadores más pobres podrían permitirse una mejor vida, trabajar a menor costo, y enviar sus bienes de forma más barata al mercado. Lo barato de sus bienes incrementaría su demanda, y consecuentemente la demanda de trabajo para producirlos. Este incremento en la demanda de trabajo aumentaría tanto los números y mejoraría las circunstancias de los trabajadores más pobres. Su consumo aumentaría, y al mismo tiempo los ingresos generados de los artículos de consumo sobre los cuales los impuestos se permitieron permanecer”

Sobre este aspecto, debemos rememorar que la economía en cuanto hace al sistema de recaudación tributaria se refiere a que toda contribución debe percibirse de tal forma que exista la menor diferencia posible entre las sumas que salen del bolsillo del contribuyente y las que ingresan al tesoro público, acortando el periodo de exacción lo más que se pueda, y cuando esta máxima es incumplida, se incurre en el establecimiento de tributos que resultan excesivos, los cuales se convierten en un poderoso estímulo a lo que conocemos como evasión.

El trabajo de Smith en el aspecto tributario cobra importancia desde el momento en que contribuye a entender los preceptos que el Estado debe garantizar para que el escenario de redistribución se cumpla con la equidad requerida. Smith argumenta que en donde quiera que haya una oportunidad de contrabando, los impuestos sean moderados, que los tributos cuya recaudación sea costosa se eviten, así como también las tasas arbitrarias, que aquellos impuestos que tiendan a empobrecer a una nación sean rechazados de forma enérgica y también sean evitados aquellos que requieran el juramento de las partes. Con lo expuesto podemos ver que, desde la idea del liberalismo clásico, la constitución de un sistema tributario, además de responder a la necesidad del Estado de recaudar recursos para cubrir las cargas públicas, debe también tener en cuenta el criterio de equidad, el cual tiene una doble interpretación: los impuestos deben pagar los beneficios recibidos y reflejar la capacidad de pago de los individuos.

Otro de los temas centrales de Smith trata sobre la “mano invisible”, aunque en su origen no hay una confianza ciega en el mercado como se ha mal entendido a través del tiempo y los postulados de sus detractores, Smith expone en La riqueza de las naciones lo siguiente: “Pero es sólo por su propio provecho que un hombre emplea su capital en apoyo de la industria; por tanto, siempre se esforzará en usarlo en la industria cuyo producto tienda a ser de mayor valor o en intercambiarlo por la mayor cantidad posible de dinero u otros bienes. En esto está, como en otros muchos casos, guiado por una mano invisible para alcanzar un fin que no formaba parte de su intención. Y tampoco es lo peor para la sociedad que esto haya sido así. Al buscar su propio interés, el hombre a menudo favorece el de la sociedad mejor que cuando realmente desea hacerlo”

Las dudas históricas sobre esta metáfora nos llevan a analizar si Smith la escribió a fin de describir el comportamiento de los mercados como algo inexorable y predeterminado o simplemente es una alegoría a la mano de Dios.

Quizás el concepto académico que debe prevalecer para entender la justificación de esta metáfora es que la misma alude al pedido de los fisiócratas franceses de “dejar hacer y dejar pasar”, que el mercado se regule solo sin la intervención estatal arbitraria en dichos asuntos para que esa regulación natural que puede darse en la libre competencia produzca rentabilidad a todos los participantes según sus niveles de competencia. Para ello es necesario que en la producción prevalezca la división del trabajo a fin de diversificar de una manera eficiente los costos (teoría del valor objetivo) y que las personas puedan especializarse en una función a fin de lograr el valor agregado en el producto (la fábrica de alfileres).

“No es de la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses”, célebre frase que nos recuerda que la búsqueda de nuestra propia rentabilidad sin la interferencia del Estado en esos asuntos, redituará en un beneficio social.

Con la introducción de las ideas de una economía de mercado abierta a todos los hombres, Smith propone superar el doloroso conflicto existente entre Estado e individuo. En pleno auge de la revolución industrial, vislumbró un futuro prometedor para la humanidad en donde los temas de la ética y el desarrollo eran difíciles de solucionar. A la par, sus obras han contribuido notablemente al desarrollo de las ciencias económicas desde diferentes visiones ideológicas.

Por Paola Dos Santos

Bibliografía

  • Smith, Adam. La Riqueza de las Naciones: Libros I-II-III-IV-V, Edición 2011
  • Smith, Adam. La Teoría de los Sentimientos Morales, Edición Alianza Editorial
  • Smith, Adam. La Mano Invisible, CreateSpace Independent Publishing Platform, 2016
  • Smith, Adam. Ensayos Filosóficos. Ediciones Pirámides, 1998.

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