¡Abracadabra! ¿Quién tiene la llave que permitirá ganar la batalla cultural?

 Batalla Cultural: La llave

Mucho se ha hablado respecto de la “Batalla Cultural”, pero hasta el momento, pocos han logrado dar con la fórmula perfecta para vencerla. Esto necesariamente nos lleva a las preguntas: ¿hay algún modo de vencerla? ¿Existe una fórmula perfecta para lograrlo? Desde mi punto de vista, estas preguntas requieren una mirada más profunda para comprender mejor cómo y contra qué estamos luchando. En estas líneas intentaré descifrar esas preguntas y encontrar la tan mentada “llave” que nos abra la puerta hacia un futuro liberal.

En primer lugar, es importante analizar desde qué perspectiva definimos a la “Batalla Cultural”. Si bien el término ha sido ampliamente utilizado, esto no nos da garantía alguna de estar interpretando su verdadera esencia. Según lo define el sitio Dictionary.com, la Batalla Cultural es “el conflicto ideológico entre grupos sociales y la lucha por el dominio de sus valores, creencias y prácticas”. 

Dicho esto, podemos acordar que se trata de un conflicto, pero no necesariamente implica una lucha armada – contrario a lo que sería una batalla tradicional – sino más bien implica el choque de dos corrientes ideológicas diferentes.

Éstas pueden ser por ideología política, por religión, por identidad de género, entre otras tantas. Hoy en día se encuentra instalado en la agenda liberal el término Batalla Cultural y se lo emparenta estrechamente con las políticas de género que, si bien suponen una lucha por la igualdad para todas las orientaciones, se dedican más a dar beneficios a quienes se perciben de un modo diferente a lo que la biología les ha otorgado.

En este punto es importante aclarar que en estas líneas no vamos a cuestionar la elección de vida de nadie, solo estamos analizando el término y el contexto en el que se utiliza. Es conveniente añadir en este punto las incansables luchas provida versus proaborto, debate que se ha llevado enormemente la atención de los medios masivos de comunicación en momentos en los que, a mi humilde entender, había otros temas más urgentes que estaban siendo ignorados.

Dicho todo lo anterior, es importante continuar analizando cómo se lleva a cabo esta lucha, y es aquí donde se encuentra la primera pista para resolver este puzzle: ¿quiénes libran esta batalla? Si miramos con atención las marchas, espontáneas o no, organizadas por movimientos como el del ejemplo antes mencionado, provida versus proaborto, podremos ver un denominador común: un gran porcentaje de los asistentes no supera los veinticinco años de edad. He aquí la clave: la Batalla Cultural está instalada en los rangos etarios más bajos de nuestra sociedad. Miremos pues, más en profundidad, este enfoque.

Lo primero que hay que notar es que el argentino promedio emite su voto por tres grandes razones: necesidad, hartazgo, o convicción. En el primer caso, hablamos de aquellos que votan a un determinado candidato o armado político porque algún personaje nefasto – usualmente los punteros políticos, o incluso, funcionarios de gobierno – les prometen trabajo, dinero, comida, comodidades, cargos públicos y una gran lista de etcéteras que buscan saciar una necesidad o un deseo por parte del votante. En segundo lugar, se encuentran los que están hartos de tal o cual armado y se encuentran firmemente convencidos de que debe votar “en contra” de tal o cual candidato a fin de no “regalarle” su voto a algún personaje que les genere disgusto.

Sin embargo, existe una tercera mirada: la convicción. Como bien dice Guillermo Francella en la producción argentina El Secreto de sus Ojos: “El tipo puede cambiar de todo: de cara, de familia, de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar (…), no puede cambiar de pasión”. Muchos argentinos se sienten estrechamente ligados a las ideas que defienden y lo hacen con una pasión similar a la de los equipos de fútbol. Basta con ver ciertas movilizaciones de organizaciones como La Cámpora, en donde hasta se entonan canciones al estilo hinchada, en contra de votantes de otros espacios y hasta del mismísimo FMI – como si éstos últimos fueran a verse amedrentados porque un grupo de neandertales saltando les dice que no les vamos a pagar. Sea como fuere, la pasión y la convicción son el elemento común que mueve a los más jóvenes. Pensémoslo por un instante: los primeros votantes, de dieciséis años en adelante, en su mayoría no están aún coaccionados para votar tal o cual espacio, ni por necesidad, ni por hartazgo. El condicionamiento es mucho menor al de un adulto promedio. Es por esto que su voto se basa más en una reacción visceral a los estímulos que recibe por parte de las distintas corrientes ideológicas. Es aquí, queridos amigos que están leyendo esto, que se encuentra la llave para destrabar la tan mencionada Batalla Cultural.

Analicémoslo detenidamente: el cambio radical en el discurso político de ciertos candidatos o figuras políticas – Vidal prometiendo bajar impuestos, CFK diciendo que el capitalismo es la solución más efectiva, etc. – como así también los descomunales e incomprensibles estímulos económicos por parte del oficialismo – 210.000 viajes de egresados regalados, el bono de $5000,- para actividades culturales, etc. En todos los casos, hay una clara intención de virar el discurso hacia los jóvenes, porque tanto los unos como los otros son conscientes de que es ahí donde se libra la verdadera Batalla Cultural: las generaciones venideras. Eso explica los constantes intentos de adoctrinamiento en escuelas y universidades públicas. Eso explica los ridículos bailes presidenciales y vicepresidenciales. Eso explica la desfachatez con la que se manejan quienes ocuparon recientemente el Sillón de Rivadavia. Eso explica los años de computadoras y tablets gratis. Eso explica precios cuidados en bebidas alcohólicas justo antes de las fiestas de fin de año. Eso explica tantas cosas, tantas, que es increíble que haya tanta miopía al respecto. Tanto desgano y tanto descuido de nuestras generaciones futuras. Les estamos regalando el futuro de nuestro país. Cada vez que votamos una ley populista que apunta a futuro. Cada vez que permitimos que les impongan cómo hablar, cómo actuar, cómo y cuándo definirse sexualmente, bajo la excusa de la “deconstrucción”. Sin embargo, no todo está perdido.

Este fenómeno, esta Batalla Cultural, deja al desnudo algo que los políticos de turno vienen intentando tapar a como de lugar, pero cada vez les resulta más difícil: los jóvenes no son tontos. No se dejan amedrentar. No se callan. No se rinden. No se venden. Es cada vez más notorio que las ideas de la Libertad han calado hondo en las generaciones más jóvenes y es justamente allí donde debemos seguir avanzando para que no queden dudas: el futuro es Liberal. La Batalla es larga, el trabajo es arduo y sin lugar a dudas deberemos luchar con muchos obstáculos, ya que el poder lo manejan ellos.

No obstante, somos muchos, somos inquebrantables y llegamos para quedarnos. Como dijo Winston Churchill: “pelearemos en las playas, (…) pelearemos en los campos y en las calles, pelearemos en las colinas. No nos rendiremos”.

(*) Juan Antonio Alegre

Profesor de inglés en un colegio bilingüe. Técnico superior en Dirección de Protocolo, Organización de Eventos y Relaciones Públicas. Presidente de la Junta Promotora del Partido Libertario Corrientes. Miembro del Club de la Libertad desde 2019.

No te pierdas las últimas noticias de Visión Liberal. Súmate a nuestro newsletter.

Loading Facebook Comments ...
0 Comentario

Dejar una respuesta