Abandonar la costumbre de defaultear para lograr una deuda pública sustentable

Sustentabilidad de la deuda pública argentina

La Deuda Pública Argentina ascendió a junio de 2021 a U$S 343.519 millones. Es el valor más alto de nuestra historia. Como indicador en relación al PBI alcanza valores de 103,7% aproximadamente.

Desde noviembre del 2019, la actual administración aumentó la Deuda Pública en U$S 30.000 millones. Esto lleva a un debate profundo, ya que no solo es alta la deuda para un país como Argentina, sino que, además, en la dinámica de la misma, crece constantemente.

¿Por qué crece constantemente?

Porque la deuda pública es la consecuencia del persistente y recurrente déficit fiscal de nuestro Estado, empecinado en vivir por encima de nuestras posibilidades y que nos ha convertido en un “defaulteador serial”.

Argentina hoy, para los mercados financieros internacionales, no es un país con buenos antecedentes de pago (Argentina defaulteó su deuda en 9 oportunidades). Como país, nos comportamos como un deudor particular que toma deuda para pagar su tarjeta de crédito. Es decir, Argentina toma deuda para solventar gastos corrientes y no para inversiones que generen los recursos necesarios para su devolución.

A título de ejemplo, Japón tiene una ratio Deuda / PBI que supera el 200% y nadie pone en duda su capacidad de pago. Los malos antecedentes llevan a los países a ser clasificados por su riesgo de pago y Argentina se ha convertido en un país con muchas más exigencias y restricciones por parte de los mercados de capitales internacionales que otro país sin antecedentes de defaultear su deuda.

Otro dato interesante a tener en cuenta es que del 100% de la Deuda Pública, el 74% está nominada en moneda extranjera. El 15,1% está indexada por inflación y solo el 10,9% está en pesos sin indexación por inflación, por lo tanto, carece del recurso de “licuar” la deuda con un fogonazo inflacionario. En consecuencia, el “costo” de la licuación del gasto recaerá sobre los salarios y jubilaciones.

¿Cómo se obtiene la sustentabilidad de la deuda en el tiempo?

La sumatoria del VPN (Valor Presente Neto) del flujo de superávits primarios futuros deben ser como mínimo iguales o mayores al monto de deuda inicial. Es decir, generar “caja” (recursos genuinos y no emisión monetaria) suficiente para comprar los dólares necesarios para honrar los pagos de la deuda. Esto nos permite ir reduciendo en el tiempo la participación de la deuda en el PBI, ya que mientras el numerador disminuye en el tiempo (Deuda), el denominador (PBI) muestra una tendencia creciente si la economía tiene las bases para un crecimiento económico sustentable. Para todo esto se requiere no “retoques” al modelo populista sino un cambio de modelo profundo que revierta expectativas de los agentes económicos y que privilegie la inversión del sector privado como verdadero motor de la economía.

Determinación del Superávit Primario Necesario para hacer sustentable la Deuda Pública

S > (D x (r-g)) / (1+g)

Esta fórmula nos permite determinar si la Argentina puede honrar sus deudas o volverá a caer en constantes y recurrentes cesaciones de pago.

Donde:

S = Superávit Primario (antes del pago de intereses de la deuda).

D = Ratio Deuda Pública / PBI

r = Tasa de interés promedio ponderada de la deuda pública total.

g = Crecimiento del PBI (Producto Bruto Interno)

Bajo los supuestos de:

Que la Deuda Pública representa el 103,7 % del PBI, la tasa de interés es del 4% anual (En realidad este es un supuesto muy optimista porque esa tasa es la que nos aplica el FMI y es, como prestamista de última instancia, una tasa baja para un país soberano).

Calcular g (tasa de crecimiento del PBI) en los últimos años resulta frustrante. La Argentina está estancada o en caída. No crece desde 2011 hasta la fecha. Si bien este año (2021) se estima (según cálculos del FMI) que el crecimiento podría alcanzar cifras cercanas al 8%, no es más que un rebote estadístico que compensa parcialmente la abrupta caída del año anterior (2020) del 9,9%.

Cuando uno analiza la evolución del PBI en Argentina desde 2011 a la fecha ve prácticamente un gráfico con subas y bajas constantes (que se compensan) pero que siempre nos dejan en el mismo lugar.

Estamos en “Estanflación”. Alta inflación con un constante proceso de recesión que se profundizó a partir del año 2018 y que la Argentina no encuentra como solucionarlo, ya que el PBI cae en 2018, 2019 y 2020.

En consecuencia, es muy real como hipótesis de estimación considerar a “g” en un valor de 0. Revelando que Argentina NO tiene crecimiento.

Fuente: Elaboración propia en base a datos de DatosMacro.com. Año 2021 Estimado.

Durante el período 2011 a 2021 el Acumulado del PBI habría crecido tan solo 0,48%, siempre y cuando el crecimiento estimado del año 2021 alcance el 8% de variación positiva. Si solo consideramos el período 2011 a 2020, donde todos los datos son reales, la caída del PBI alcanza al 9.2%. Es decir, la economía se contrajo y genera un 9.2% menos de valor agregado.

En la hipótesis más optimista de tasa de interés = 4%, el Superávit Fiscal primario que se necesita para hacer la deuda pública sustentable es del 4%. Argentina tiene déficit (casi de manera constante), con lo cual de no mediar crecimiento económico que morigere el valor de superávit fiscal primario, Argentina tendrá que tener un proceso de ajuste muy importante hasta alcanzar ese valor de Superávit Primario y que a su vez permita, luego de los pagos de la deuda (capital + intereses), obtener un déficit fiscal financiero de 0. Ya que con el superávit primario se compran los dólares necesarios para el pago de los intereses y amortización de capital.

Argentina tiene, además, otro problema. Cuando el valor del peso se aprecia, retrasando el valor del dólar, por ejemplo, para mostrar cierto bienestar ante un proceso electoral, la deuda en pesos, convertida a dólares aumenta, simplemente por un proceso de devaluar el peso en relación a la moneda extranjera por debajo de la inflación doméstica, lo que en realidad significa revaluar el peso en términos relativos.

Si suponemos un crecimiento del PBI del 2,3%, que en algún momento fue nuestro promedio de crecimiento (siempre con procesos de suba y baja). Es decir, g = 2.3% el superávit fiscal primario necesario para mantener la sustentabilidad se reduce a casi la mitad, 2% (bajo una hipótesis optimista de tasa de interés).

De manera cualitativa podemos decir entonces:

Si la variable:

D aumenta – → S aumenta. Su derivada primera es positiva.

r aumenta — → S aumenta. Su derivada primera es positiva.

g aumenta — → S disminuye. Su derivada primera es negativa.

Que aumente S significa que el resultado del Superávit Primario deberá ser mayor. Por el contrario, que S disminuye significa que el Superávit Primario puede ser menor para mantener la sustentabilidad.

Las variables “claves” para asegurarnos una deuda sustentable en el tiempo depende crucialmente de dos hechos.

  • Tener Superávit Fiscal Primario.
  • Asegurarnos el mayor crecimiento posible del PBI en el tiempo.

Pero esto lleva a otros interrogantes:

No parece factible que la actual administración crea que es posible reducir el gasto público, y por el lado de los ingresos parece muy improbable que tenga margen para seguir aumentando impuestos. Hacerlo, cuando ya están entre los más altos del mundo, lleva a un proceso de muy baja inversión, que ya ni compensa la amortización del capital existente y atenta contra la productividad de nuestra economía, que se compensa teniendo un dólar cada vez más alto en el mercado paralelo y que redundará, tarde o temprano, en una convergencia y su consecuencia sobre los salarios en dólares que deberán ser cada vez menores.

¿Es una solución pedir menos tasa y más plazo para pagar?

Sin superávit fiscal primario y sin crecimiento es simplemente llevar el problema al futuro, pero se volverá a caer en cesación de pagos. Eso es lo que, además, nos refleja el Indicador de Riesgo país, en valores superiores a 1700 y que implican, que Argentina para financiarse en los mercados internacionales deberá pagar 17% más de tasa que los Bonos del Tesoro de EEUU.

Otro problema que también tiene Argentina es de Liquidez y Solvencia. Carece de dólares para hacer frente a los compromisos internaciones (falta de liquidez) y, si bien, el cepo cambiario mitiga la salida de divisas, ello implica que nadie va a ingresar dólares e invertir si después no se puede llevar parte de sus ganancias como pago de dividendos, además de alentar la sobrefacturación de importaciones y la subfacturación de exportaciones, afectando el resultado de la balanza comercial (exportaciones – importaciones).

Desde el punto de vista de la solvencia, para tener solvencia, habría que reducir gastos del Estado o bien aumentar impuestos. Bajar gastos no está en la esencia de la actual administración y aumentar impuestos ya implicaría un nuevo descenso en la tasa de inversión por parte del sector privado.

Conclusiones

Argentina, en el 2023, tendrá que encarar reformas estructurales de fondo y profundas. Es condición básica y necesaria para hacer sustentable la deuda pública y no ser un “defaulteador serial”. Encarar reformas que propicien un clima de negocios y alienten la inversión. Por oposición, de seguir por el mismo camino, volveremos a tener las mismas consecuencias. Alta inflación, pobreza, falta de empleo y estancamiento económico.

A veces pienso, si nosotros, los argentinos, queremos demostrar que era fallida la famosa frase de Albert Einstein, que es conseguir resultados distintos haciendo siempre lo mismo.

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