Como con el COVID, el fuego en Corrientes demostró que no hay cambios, previsión ni planificación

Cambio, previsión y planificación

¿Se acuerdan los incendios en Corrientes? Hoy, lo que hasta hace días era central en todo medio de comunicación y trending topic en redes sociales ya fue sustituido por otros temas de la agenda. Pero el texto no pasa por el hecho que una cosa sea más importante que la otra, sí pasa por la comprensión de los patrones dañinos y repetitivos de nuestra vida ciudadana: problema, enojo, olvido; si no exigimos cambios reales, se repite el círculo.

Recordemos los incendios. Hace meses en Corrientes, nuestra provincia, arden focos de incendio que resultaron ser muy graves y que hoy menguaron, pero llevaron un saldo estimado total de 900.000 hectáreas afectadas por el fuego y pérdidas millonarias en inversión, producción e infraestructura*.

Finalmente, estos incendios resultaron muy graves, pero de hecho hace varios años que innegablemente la situación se volvía límite. Mariana Reinke para La Nación en entrevista a ingenieros del INTA expone:

“Corrientes atraviesa una crisis ambiental nunca vista en su historia. Solo en enero pasado, los focos de calor alcanzaron la cantidad de 3436, más del doble de los que se produjeron en el mismo mes de 2002, cuando se había alcanzado el máximo histórico registrado con 1356. (…) si bien los focos de calor no son focos de incendios propiamente dicho, están directamente relacionados”.

Además, como algo que todo correntino puede notar simple vista:

“En una época normal, el 40% de la superficie de la provincia está cubierta por un pelo de agua, más o menos profundo, y el resto es tierra firme. Por ejemplo, en 2013, la conformación era un 38,5 % de agua y 61,5% de superficie seca”.

“Pero hace dos años estamos pasando una situación de escasas precipitaciones y que ahora, durante el mes de enero, se sumaron las elevadas temperaturas. En enero cayeron menos del 10% de lo que suele precipitar en ese mes. En la actualidad, la superficie cubierta de agua en toda la provincia es de menos del 10%. Es decir que gran proporción de esos lugares que tienen abundante biomasa verde, hoy están muy secos por esa retracción de agua que ha sufrido”.

Ahora bien, la información existe, pero falta planificación; los costos se han expuesto, pero estoy seguro que no puedo ni comenzar a transmitir lo que significa para cada uno de esos productores. Y son esos mismos costos los que nos deberían alertar sobre la urgente necesidad de demandar más. No debe esto caer en un simple ataque para una u otra gestión, sino que debe constituir una crítica hacia toda la experiencia política y eso nos incluye a los ciudadanos, en nuestra participación debemos exigir eficiencia y resultados.

Esa falta de planificación ya se ha visto durante la pandemia. El Covid 19 estalla en 2020, y durante todo el año vivimos una cuarentena completamente restrictiva, dañina y hasta muchas veces ilegal, a fines de ese año la situación mejora, y el 2021 y aparentemente no aprendiendo nada, se suceden meses de políticas públicas muy similares basadas nuevamente en restricciones nocivas.

Pero vayamos más allá ¿Alguna persona en su sano juicio puede suponer que aquellos van a ser los últimos incendios o la última pandemia? O bien ¿Vamos a depender de Santi Maratea cada vez que surjan problemas a los que deben responder los gobiernos y muy escasamente lo hacen? Nuevamente repito: exijamos planificación, previsión y políticas públicas.

El fenómeno Santi Maratea no hace más que exponer una situación de larga data. Veamos. El Estado, la organización que monopoliza la fuerza y administración pública, o sea (en sus diferentes niveles) el Poder Ejecutivo y sus ministerios, el Poder Legislativo y el Congreso, y también bien instituciones como AFIP y ANSES (entre otras), y todo el entramado de entes públicos que se puedan imaginar; y por otro lado tenemos a Santi Maratea, un influencer. El fenómeno es que aun con todo ese entramado, el ciudadano argentino confía más en un influencer que en el Estado, y lo que es peor, parece ser que este influencer responde mejor a ciertos problemas que el mismo Estado.

El célebre politólogo italiano Gianfranco Pasquino circunscribe el campo de análisis de un sistema político en el feedback entre las demandas de los ciudadanos y las respuestas de las autoridades, hoy ese proceso de comunicación está cada vez más roto.

Lo que a su vez se traduce en falta de representación y desconfianza ante todo el sistema político. Y es esta explicación más directa ante el fenómeno Maratea. Las instituciones y el Gobierno argentino no generan confianza. Entre otras cosas fallaron en lo que Maratea acierta: la concreción, la respuesta a las demandas.

La forma de hacer política en nuestro país es un largo prometer y un nunca cumplir o cumplir mal. Y en muchos casos se debe a la engorrosa burocracia que multiplica corrupciones y ha surgido en todos los niveles de gobiernos, el Estado hoy, como dice mi madre “mucho abarca y poco aprieta”, se busca desde los niveles más altos intentar resolver problemas insólitos dejando de lado los verdaderos e importantes, como los desastres naturales o la salud, o la educación y la seguridad, también olvidados. La primera acción en busca de esa muy necesaria planificación será redefinir cuales son los verdaderos oficios del Estado, y enfocarse en ellos.

A nivel nacional las últimas experiencias políticas más allá de las diferencias en discursos no se diferenciaron en el race to the bottom de asistencialismo en sus gestiones. El Poder político debe replantearse realmente cual será la función del Estado y como la sostendrá, y los ciudadanos debemos exigir la decisión más coherente y consecuente. En caso contrario veremos cada vez más resquebrajadas la legitimidad del Sistema, hasta el día que finalmente se rompa.

Como ciudadanos debemos comprender que es insostenible un Estado en la situación actual económica, política y discursivamente, se debe abandonar la inmadurez heredada, que abogaba por el gobierno en todas partes; no necesitamos al gobierno, necesitamos libertad, aunque esta sea una libertad peligrosa. El Estado requiere un cambio de rumbo político, pero no es menos cierto que la política madura con la responsabilidad de sus votantes. Dejemos de pedir un Estado sobreprotector, ineficiente e insostenible, y exijamos estrategias y planificación sobre lo realmente importante: salud, educación, seguridad y, como los que nos compete hoy en Corrientes, previsión ante desastres naturales y productivos. Los gobiernos harán eco, los argentinos demostramos que unidos pueden resolver catástrofes.

*Según informó para La Nación, Francisco Velar, productor agropecuario y director del distrito 8 de la Sociedad Rural Argentina (SRA), entidad que ultimó detalles de un informe actividad por actividad junto a otras organizaciones productivas de la provincia (Asociación de Sociedades Rurales de Corrientes, Asociación Forestal Argentina, Asociación Citricultores Unidos, Asociación Correntina de Plantadores de Arroz, Asociación de Citricultores de Bella Vista y la Asociación de Plantadores del Nordeste). Para la producción arrocera está confirmado que ya son más de 18.000 las hectáreas perdidas de las 96.000 plantadas esta campaña, casi un 25%; en cuanto a lo forestal, la pérdida actual rondaría en dólares los US$60 millones; la actividad yerbatera que abarca el 30% de la producción nacional, según sus proyecciones, la producción caerá el 50%; las mermas en la producción citrícola en los departamentos de Bella Vista, Concepción y Mburucuyá ya alcanzan más del 50%; en cuanto a la producción vacuna dice Velar “Más allá de los incendios, al día de hoy, en toda la provincia la producción forrajera se ha reducido un 40%. Eso llevará, siendo conservador, a que la mortandad, que en tiempos normales es del 3%, sea de al menos el 6%. Esto representa más de 140.000 vacunos muertos, unos $10.500 millones. Y a eso se deberá sumar los porcentajes muy bajos de preñez y daños en infraestructura de los campos”.

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